Sígueme en Twitter

    24 octubre 2011

    Un pacto por la educación desde las bases

    La pasada semana fue realmente intensa: muchas ponencias, muchos kilómetros, muchos amigos y amigas. Espero poder ir poniéndome al día en el blog poco a poco con mi propia promesa de ofrecer aquí las presentaciones que he utilizado en cada una de las charlas. Por ahora empiezo por la ponencia que presenté en el VI Encuentro Internacional Educared el pasado jueves día 20 en Madrid.

    Pronto celebraremos el 200 aniversario de la Constitución de 1812. Se celebrarán muchos actos y tendremos oportunidad de revisar la épica gaditana de una ciudad asediada por los franceses que dió al mundo una constitución liberal y moderna. Son muchas las innovaciones históricas que ofrece la Constitución de 1812: así, entre otras cuestiones, en el título IX se plantea la posibilidad de que la educación sea independiente del arbitrio de los sucesivos gobiernos por medio de la creación de una Dirección General de Estudios, como explica Manuel de Puelles (1). Sin embargo, más allá del Trienio liberal, a partir de la Ley Moyano la educación queda supeditada al gobierno a través del correspondiente ministerio y comienza ahí, por tanto, la subordinación de la educación a la política.

    Este punto de partida, la educación como terreno de juego de lo ideológico, político y económico, nos sirve para valorar la importancia y el significado del fracaso del Pacto Social y Político por la Educación. Con el fracaso del pacto se ha cerrado una vía para un auténtico "programa de transformación cultural" (como reclama José Gimeno Sacristán) que permitiera solventar algunos de los problemas históricos de nuestro sistema educativo y que están más relacionados con el cómo enseñar que con el qué o el dónde, cuestiones estas que han bloqueado el Pacto aparentemente.

    Por ello, la única posibilidad de cambio proviene de un pacto educativo desde las bases para el cual se pueden tomar algunas propuestas de la "cultura 15-M", como ya analicé en Educ@contic: la fusión entre realidad y virtualidad, el discurso positivo sobre el cambio, el carácter inclusivo, la relación simbiótica con el entorno, la organización en comisiones y grupos de trabajo o la necesidad/voluntad de difusión de las actuaciones realizadas.

    Y, finalmente, este planteamiento 15-M en educación tiene fuertes implicaciones en formación del profesorado, inicial y permanente. Del mismo modo que el 15-M rechaza el infantilismo social frente a la política, la transformación cultural de la educación toma como punto de partida la introspección: quién nos enseñó, cómo nos enseñó, con qué finalidad nos enseñó, cómo se nos evaluó, etc., son las preguntas que han construido nuestra "cultura subjetiva de la enseñanza" y las respuestas constituyen el arranque para una toma de conciencia crítica acerca de nuestro papel como educadores y educadoras.

    A partir de ahí, se plantea la necesidad de incorporar múltiples voces a la formación inicial del profesorado (como intentamos en Educar21 a través del canal de YouTube), la posibilidad de utilizar la propuesta de Banco Común de Conocimientos para las prácticas de micro-enseñanza, la utilización de la red social Facebook para la formación inicial o permanente (tomando como referencia la idea de "passionate affinity space" de James Paul Gee) o la capacitación al estilo iCOBAE como propuesta de desarrollo profesional horizontal.

    En resumen, el fracaso de la política para asentar unas bases para la transformación de la cultura educativa sólo nos deja una alternativa: un pacto educativo desde las bases firmado implícita y explícitamente por el profesorado comprometido.

    Seguimos.

    P.S. Aquí os dejo la presentación que utilicé para mi ponencia y una entrevista en vídeo grabada por Pablo Bongiovanni durante el Encuentro.

    Presentación

    Entrevista



    (1) Puelles Benítez, Manuel de. 2006. "Los hitos reformistas: la viabilidad de las reformas y la perversión de las leyes". En J. Gimeno Sacristán, La reforma necesaria: Entre la política educativa y la práctica escolar. Madrid: Morata (pp. 61-80)